Article a “Más de la mitad”, del “20 minutos”

M’he passat dos dies recordant, escrivint, refent i revisant un text molt personal. Finalment, el resultat ha esatat un petit article per a la secció del diari “20 minutos”.

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La veritat és que em fa vergonya, perquè és molt personal, però ho havia de fer (mil gràcies Belén).

Aquí podeu llegir l’article publicat -> http://blogs.20minutos.es/mas-de-la-mitad/2016/10/07/un-crowdfunding-para-lograr-un-parto-normal/

I a continuació, us presento l’article original que jo havia escrit en un principi, que per qüestió d’espai, va haver de ser una mica retallat i resumit (amb el meu permís i aprovació).

NORMALIZAR EL PARTO EN CASA

Escrito por la marietta

Quiero parir en casa. Sé que mucha gente lo considera una locura. Pero para mi es algo normal. Soy una mujer normal, con una vida normal: sin empleo actualmente, con un hijo de algo más de dos años, y con otro en camino.

Mi primer hijo lo tuve en un hospital porqué era lo normal. Conocía algún caso aislado que mujeres que habían parido en casa… pero yo no lo contemplaba: a parte de ser muy caro, me daba miedo. Cuando una mujer está de parto acude al hospital. Prácticamente nadie lo pone en duda, porqué se tiene la idea que un parto es peligroso, complicado, doloroso, y que precisa de ayuda médica. El parto da miedo. Yo, aún sintiendo este miedo, ya intuía que un parto no tenía porqué ser así. Leí y me informe bastante al respeto, y quise tener un parto natural (esto, por suerte, cada vez es más normal). Un parto natural es un parto NO intervenido.

A pesar de que luché por ello, el resultado fue muy diferente del esperado. Lo sé: siempre cabe la posibilidad, y más en temas fisiológicos, que las cosas no salgan según lo previsto. Pero terminé con un parto intervenido, uno más. Allí me sentía muy vulnerable e insegura. Sentí, y todavía siento, que no se respetaron mis necesidades, alegando al control constante del feto. Necesitaba moverme, relajarme, no estar tumbada boca arriba, volver a casa, tener intimidad, comer, bañarme… lo que mi cuerpo me pidiera (nuestro cuerpo es más sabio de lo que pensamos, y lo escuchamos muy poco). En aquel momento no me atreví a rebatir a los profesionales “de bata blanca”. A día de hoy sé que aquellos controles no eran necesarios. Acabaron por desencadenar la típica “cascada de intervenciones”. Algo, por desgracia, la mar de normal.

Más de 7 horas de monitores, poca intimidad, cero empatía, de una habitación para otra, con 20 horas de contracciones sin posibilidad de movimiento ni expresión, sin dormir… Y con la guinda que me soltó una comadrona “¡Uy. Todavía no estás ni a la mitad!” después del cuarto o quinto tacto vaginal… Me derrumbé y pedí la epidural. Con ella, me administraron oxcitocina sintética para tener contracciones artificiales. Aún así el parto se estancó. Después de unas horas, me dijeron que tendrían que usar fórceps. Yo dije que no quería, y me dieron a entender que no había opción. Y con los fórceps es inevitable la episiotomia, que yo tampoco quería. Había un montón de gente en la sala de partos (no sé ni quiénes eran). Parecía un espectáculo, y me soltaron un par de comentarios completamente faltados de respeto hacia mí y hacia mi parto (aunque ya era más suyo que mío). Pero en aquel momento me daba igual. Yo sentía que ya no podía hacer más. Solo quería conocer a mi pequeño, y que terminara el sufrimiento que estaba sintiendo desde hacía horas. Cuando tuve encima a mi hijo (piel con piel, ésto hay que reconocer que lo hicieren fantásticamente), suena a tópico, pero se me pasaron todos los males. Y como el bebé estaba bien y yo también, no di más importancia a cómo había ido el parto en sí.

Normal… era el primero, no “sabías” parir, nunca antes lo habías hecho” o “¡Y da gracias que no terminara en cesárea después de tantas horas!” que sería lo normal… me repetía a mi misma.
Pero pasaban los días y sentía en mi interior que aquel parto no había sido mío, ni de mi hijo. Lloraba, y pensaba que no era normal sentirme así. Lo hablaba con amigas y conocidas. Algunas me daban la razón, otras creo que me daban por imposible.

En un parto en casa normal, nada de esto tiene por qué pasar. Estás en tu casa, en tu entorno, tu intimidad. Un parto es una fase más de la vida sexual y reproductiva de una mujer. Necesitas sentirte a gusto. En casa, un parto es atendido pero no intervenido. Atendido por comadronas profesionales, experimentadas, actualizadas. Las conoces y te conocen, te observan, te informan, te escuchan y te respetan. No quieren que el parto se complique (por eso siempre atienden partos de bajo riesgo, tienen equipo médico para intervenir si es necesario, y también un coche preparado por

si hay que trasladar al hospital, con el que se han coordinado previamente). Ellas son las primeras que desean y se aseguran de que todo salga lo mejor posible.

Ahora vuelvo a estar embarazada, y aunque tenemos unos ingresos familiares muy, muy bajos, no dudo en afirmar que quiero tenerlo en casa. Es más una necesidad vital que una cuestión ideológica. Aunque también lo es en gran medida. Quiero empoderarme, sentir que sé parir. Sé que puedo hacerlo. Y, aunque como ya he dicho antes siempre cabe la posibilidad que las cosas no salgan según lo previsto, quiero vivirlo en primera persona, no “en diferido”, que es la sensación que me quedó del primer parto.

Y me parece increíble, indignante y anormal que no sea una opción más a elegir dentro del sistema sanitario público. A nivel de gasto sanitario es notoriamente menor un parto en casa que un parto en un hospital (el primero ronda los 1800€ y el segundo los 3000€ de inversión pública). A nivel personal, la mujer adquiere autonomía, se empodera, se conoce mejor, se siente capacitada, y deja de asumir el rol paciente que necesita ser intervenida y dirigida.

A día de hoy lo normal es pagarlo de manera privada. Si tienes dinero, quizás te lo puedes permitir. Si no, no. O bien haces un crowdfunding, o te “resignas” a tenerlo en un hospital. No me parece tan loco luchar para que ésto cambie. Luchar para que el parto en casa no sea una opción “de lujo”, para que sea una opción pública como lo es en muchos países europeos. Quiero luchar, y creo que no estoy sola, para que parir en casa vuelva a ser algo normal.

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